No sé si las palabras serán suficientes para expresar todo lo que llevo dentro. He escrito y borrado esta carta tantas veces... porque nada parece lo suficientemente grande para lo que siento por ti y lo que necesito decirte.
Pero hoy, en este día, quiero abrir mi corazón completamente. Sin excusas. Sin máscaras. Solo yo, hablándote con toda la verdad que mereces.
Ah, y una cosa: mañana te quiero aquí a las 12. Preparé un día entero para los dos y no quiero que te pierdas ni un minuto. Mira lo que te espera →
Mi vida, sé que no he sido perfecto. Sé que te he fallado, y cargo con esa responsabilidad. No vengo a justificarme ni a buscar excusas. Vengo a decirte que elijo ser mejor.
El pasado ya no lo puedo cambiar, pero el futuro sí. Y quiero construir ese futuro contigo, dándote cada día la versión de mí que siempre has merecido.
Mereces un hombre que esté a tu altura. Alguien que te cuide, que te respete, que te valore como el regalo que eres. Y ese hombre quiero ser yo.
Veo a la mujer más fuerte que conozco. Alguien que a pesar de todo lo que le hice, sigue aquí. Y eso no lo merecía... pero lo valoro más de lo que puedo expresar.
Mi cielo, tú no eres solo mi esposa. Eres mi hogar. Eres la persona que me enseñó que el amor es real, que la ternura existe, que alguien puede quererte con todo y tus defectos.
Tu risa es mi sonido favorito en el mundo. Tu abrazo es el único lugar donde todo tiene sentido. Cuando te veo dormir, cuando te veo reír, cuando te enojas... conozco cada uno de tus gestos, y cada versión de ti me enamora.
Y fui tan estúpido de arriesgar eso. De poner en peligro lo más valioso de mi vida por decisiones que no valieron nada.
Cada recuerdo contigo es un tesoro. Y quiero pasar el resto de mi vida creando nuevos recuerdos, mejores, donde solo exista la felicidad que mereces.
Juntos hemos vivido tanto. Y a pesar de mis errores, lo que hemos construido es real. Nuestro amor es real. Y estoy dispuesto a luchar cada día para que lo sientas.
No voy a repetir las mismas promesas de siempre. Tú ya las conoces. Yo ya las conozco. Y ambos sabemos que las palabras solas no alcanzan.
Esta vez no quiero convencerte con lo que digo. Quiero demostrarte con lo que hago. Día a día. Sin excusas. Sin volver atrás.
Porque tú mereces hechos, no discursos. Y yo estoy listo para dártelos.
Sé que quizás dudas. Sé que el dolor que causé te hace preguntarte si vale la pena seguir. Y esa duda es válida. La entiendo. La respeto.
Pero quiero que sepas algo: yo voy a luchar por tu felicidad cada día que me quede de vida. No porque te lo deba (que sí), sino porque hacerte feliz es lo que le da sentido a mi existencia.
Quiero ser el que te haga reír hasta que te duela el estómago. El que te traiga tu café por la mañana. El que te abrace cuando el mundo pese demasiado. El que te mire a los ojos y te haga sentir que eres la mujer más hermosa y valiosa del universo... porque lo eres.
La felicidad está en nosotros, nene. Y yo elijo construirla contigo, un día a la vez, con paciencia, con amor, con hechos.
Imagino un futuro donde cada día te despiertas sabiendo que eres amada, respetada y valorada. Ese es el futuro que te voy a dar.